Solemos pensar que se está despierto o dormido, como una luz que se enciende o se apaga. La realidad es un paisaje mucho más rico.
La consciencia no tiene dos posiciones sino muchas. A lo largo de un día pasas por varias sin darte cuenta: la vigilia atenta, el ensueño distraído, el adormecimiento antes de dormir, las distintas fases del sueño. Y con ciertas prácticas es posible acceder de forma voluntaria a estados que normalmente no visitamos. Tener un mapa ayuda a no confundirlos ni idealizarlos.
Las ondas como coordenadas
Una forma de orientarse es mirar la actividad eléctrica del cerebro. A grandes rasgos: las ondas beta dominan en la vigilia activa; las alpha aparecen con la calma relajada y los ojos cerrados; las theta en la somnolencia, la meditación profunda y la creatividad; las delta en el sueño profundo; y la gamma, la más rápida, se asocia a momentos de integración y —dato que ya vimos— a la lucidez dentro del sueño. No son compartimentos estancos, sino mezclas cambiantes.
Los estados de consciencia se acompañan de patrones característicos de oscilación cerebral (beta, alpha, theta, delta, gamma). No son categorías rígidas, sino coordenadas de un espacio continuo que la práctica aprende a recorrer.
Base de la electroencefalografía moderna · revisado en Buzsáki, 2006, Rhythms of the BrainPuertas de acceso
Distintas tradiciones desarrollaron llaves para moverse por este paisaje, y muchas coinciden en lo esencial. La respiración es quizá la más directa: acelerarla o ralentizarla cambia el estado en minutos. La oscuridad y el silencio (el antifaz, el retiro) reducen el ruido externo y dejan emerger la actividad interna. La atención sostenida de la meditación reorganiza la red neuronal por defecto. Y el sueño, con su trabajo simbólico, es el estado alterado que todos visitamos cada noche sin esfuerzo.
Explorar la consciencia no es escapar de la realidad: es ampliar el número de habitaciones de tu propia casa que sabes habitar.
Con mapa y con brújula
Un mapa evita dos errores frecuentes. El primero, idealizar: no hay un estado “superior” al que haya que llegar; cada uno tiene su función y su valor. El segundo, perderse: entrar en estados profundos sin preparación ni acompañamiento puede ser desestabilizador. Por eso en Simbólica los abordamos con método, gradualidad y compañía —y siempre con la brújula de la observación honesta: registrar lo que ocurre, sin adornarlo ni temerlo.
Referencias
- Buzsáki, G. (2006). Rhythms of the Brain. Oxford University Press.
- Vaitl, D., et al. (2005). Psychobiology of altered states of consciousness. Psychological Bulletin, 131(1), 98–127.
- Dietrich, A. (2003). Functional neuroanatomy of altered states of consciousness: The transient hypofrontality hypothesis. Consciousness and Cognition, 12(2), 231–256.
Divulgación con fines informativos. No sustituye consejo médico ni psicológico.
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